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LO QUE LE PASÓ CON LA GALLINA













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LO QUE LE PASÓ CON LA GALLINA





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PREGUNTALE A MARIA LO QUE LE PASÓ CON LA GALLINA

Sin duda alguna, el sancocho de gallina de patio es un de los platillos favoritos de todos los panameños, pero en especial de los oriundos de la Península de Azuero. Aquí son muchos los restaurantes donde se prepara, pero el más sabroso el que se cocina con leña en nuestras populares fondas y que son el deleite de grandes y chicos.

Uno de los sancochos más afamados de La Villa de Los Santos es el de Doña Catalina, una señora sesentona, con por lo menos doce hijos y una descendencia incalculable, su cabello bañado de plata, su rostro arrugado por el paso de los años y algo escasa de vista, pero con una mano para la cocina criolla como ninguna en la región. Sus chorizos, tamales, bollos changas, queques y otros, son los favoritos de quienes han tenido el privilegio de degustarlos ya que no acostumbra preparar sus platillos para la venta, pero nunca le negaba un poco a nadie, ella siempre decía: donde comen dos, comen tres.

Una tarde planearon llevar a Rogelio a casa de Doña Catalina para que se tomara un plato, tamaño familiar, de sancocho de gallina dura. Rogelio había vivido siempre en la ciudad capital, pero cuando conoció a Evenor, un muchacho sencillo, amable y un excelente estudiante de medicina, no dudo en pedirle que por favor lo llevar al interior, y así fue.

Cuando los dos jóvenes llegaron a la casa de Doña Catalina, esta recibo a Evenor con gran alegría, --- ¡hay muchacho!, ¡Cómo has cambiado!, ¡tai más bonito ahora que te fuite pa la capital!, ¡hay Dios mío, que alegría tan grande me habei dao¡--- dijo Doña Catalina, a lo cual Evenor respondió con igual o más cariño mientras la abrasaba:
--- ¡Doña Cata! Tenía tantas ganas de verla, no sabe cuanto extraño sus guisos ---
--- Sienta mijito pa que podamos habla bien ---
--- ¡No se preocupe!, que yo lo que quiero es ir para la cocina para ayudarla a moler maíz o lo que haya por ahí! ---
--- Ta bien pue, pero ¿quién es ese muchachito que viene contigo? ---
--- ¡Ah! El es Rogelio, un amigo de la capital al que le hablado mucho de lo rica que es su comida ---

Se dirigieron todos a la cocina y Doña Catalina, como toda buena santeña, fue preparando un gran plato de sancocho con arroz blanco recién hecho, he invito a los dos muchachos a comer. Rogelio con un poco de pena, se sentó en el taburete y se dispuso a comer. En el rostro del joven se dibujó una expresión de placer que le causo gran satisfacción a Doña Catalina, a la que le dijo:
--- ¡ Nunca antes había probado algo tan delicioso como como esto!, ¡Esta riquísimo! ---
--- ¡Me alegra mucho que te guste mijo!, ¡Me alegra mucho! --- respondió Doña Catalina.

Desde ese momento, nació una gran amistad entre Doña Catalina y Rogelio, tanto así, que todos los años para la Semana Santa, regresaba a La Villa con Evenor y lo primero que hacían era ir donde Ña Cata, como la había bautizado Rogelio. Pasaban los años y siempre para las mismas fechas, Ña Cata ya esperaba a los muchachos con una gran paila llena de sancocho.

Pero eso año las cosa cambiaron, Rogelio llevo a su novia y futura esposa, María, a conocer a la famosa Ña Cata de la que tanto le hablaba su prometido. María era una muchacha bajita, morena, de una gran sonrisa y siempre dispuesta a aprender, se había graduado de licenciada y ya estaba lista para el matrimonio. Al llegar a la casa de Doña Catalina y después de las presentaciones pertinentes, Ña Cata llamo a Rogelio a la cocina:
--- ¡Así que esa es la afortunada!, ¡ay mijito!, uste sabe que yo lo quiero mucho, como si fuera un nieto para mí y me preocupa una cosa, ---
--- ¡Dígame Ña Cata! ¿Qué es lo que tanto le preocupa? ---
--- Me preocupa mucho que esa muchacha no sepa cocinar, porque después de me va a poner flaco y desnutrio ---
---¡ No se preocupe que eso ya lo tengo arreglado! ---

Después de haber comido todos el sancocho incomparable de Doña Catalina, Rogelio miro a María y le dijo: --- ¡Mi amor!, Tu sabes que yo te quiero con toda el alma y que nunca te he pedido nada... ---, María observaba a Rogelio con gran desconcierto y no atinaba a imaginar que era lo que le quería decir tan seriamente; Rogelio prosiguió: --- Tu sabes lo mucho que me gusta el sancocho que hace Ña Cata, y por eso tengo que decir que...---
--- ¡Dime mi amor! --- respondió María
--- ¡Que si no aprendes a hacer el sancocho igualito al que hace Doña Cata... no nos casamos!
--- ¡Que!--- dijo María --- ¡Que bicho te ha picado!, ¡Ya todo esta listo para la boda y tu me sales con esas ahora! ---
--- ¡Bueno!, así es, y si no aprendes ¡No hay boda! ---

El desconcierto invadió a María, que no sabía que hacer, pensaba una y otra vez: ¿cómo voy a aprende?, ¡ya todo esta comprado para la boda!, ¿qué voy a hacer?, un millón de ideas cruzaban por su cabeza y esa noche no pudo conciliar el sueño.

A la mañana siguiente y cuando aún todos estaban dormidos, María tomó una decisión, espero que fuera una hora prudente, se levanto, se arregló, tomó un cuaderno, una pluma y apretó el paso a casa de Ña Catalina, con el firme propósito de pedirle que le enseñara a preparar el rico platillo. Ya en casa de Doña Cata, María habla con ella y gustosa accede a mostrarle como preparar el famoso sancocho que le había robado el sueño.

En esas estuvieron toda la mañana, Doña Catalina le explicaba a María y esta tomaba apuntes punto por punto de todo el procedimiento y de los secretitos que le revelaban para que le quedara lo más parecido posible al original; mientras, en la casa de Evenor, todos preguntaban por el paradero de María, pensaban que se había extraviado pues salió sin avisar y cuando ya se disponían a notificar a la policía, apareció María muy contenta, le da un beso a Rogelio y le dice:
--- ¡Ya se como preparar el sancocho!, ¡compra todo que mañana te lo voy a preparar! ---.

Así fue, todo cuanto pidió María se le compró, el orégano, un buen ñame, la gallina, el culantro, en fin, todo. A la mañana siguiente, se pusieron, muy temprano, Evenor y Rogelio a preparar el fogón y a buscas los ases de leña par empezar a preparar el sancocho. María, muy emocionada, saca todas la verduras, las corta, las pela... Rogelio que estaba observando todo le dijo: ---¡María, mi amor!, ¿no crees que hay que poner a calentar el agua para desplumar a la gallina?---
--- ¡Si mi amor, ahora veo eso, pero tengo que pelar y picar todas las verduras para ganar tiempo!--- respondió María.

Pasa un rato y cuando se disponía a poner una gran olla con las verduras sobre la llamas vivas del fogón, Rogelio insiste: --- ¡Mi amor! ¿no se te olvida algo?, ¡te falta matar y preparar la gallina¡---, a lo que María respondió, --- ¡Si mi amor!, ¡Ya lo sé, pero no te preocupes más!.

Rogelio decidió no decirle nada más y se fue con Evenor a comprar unas cervezas bien frías para refrescar el sofoco de la encendida del fogón.

María seguía cantando y leyendo el cuaderno con los apuntes y se dispuso a preparar la gallina que estaba amarrada débilmente a la para de una mesa, pero la gallina, que no es tonta, comienza a revolotear para escaparse de su destino, cuando, sin previo aviso, ¡lo logra! Y comienza a revolotear por toda la terraza. María comienza a gritar: --- ¡la gallina!, ¡se va la gallina!, ¡Ayúdenme!. Al escuchar semejante escándalo, Rogelio y Evenor llegaron rápidamente a la terraza para averiguar lo que ocurría, pero al ver lo que pasaba, ambos rompieron en risas ya que María como loca tratando de agarrar a la gallina, ya estaba toda desgreñada y sin mas fuerza, se sentó en el piso a llorar, la gallina se le acercó, la miró y se dejó atrapar, María la abrazaba y le decía: --- ¡Gallinita, perdóname, yo solo quería demostrarle a Rogelio lo mucho que lo quiero, nunca fue mi intención hacerte daño ---.
Al escuchar las palabras de María, el corazón de Rogelio se conmovió tanto que se sentó frente a ella y la gallina, le dijo dulcemente:
--- ¡Ya chiquita!, ¡no llores más!, yo lo único que quería era saber hasta donde estabas dispuesta a sacrificarte por complacerme, además, tu cocinas riquísimo y el sancocho de Ña Cata no se aprende a hacer en un día!.
--- ¡Te amo mi vida!--- respondió María.
--- ¡Ya lo se mi cielo, pero recuerda, la gallina se prepara antes de poner a hacer el sancocho!






LOIRA SELENE CIGARRUISTA CORDOBA

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